Clasicosis

Parejas de cine: Fred Astaire y Ginger Rogers

Si hay una pareja inseparable en la historia del cine esa es la formada por Ginger Rogers y Fred Astaire. Es inevitable que al oír el nombre Fred Astaire tu cerebro no continúe pensando “y Ginger Rogers” y viceversa.

La pareja comienza como secundarios en “Volando hacia Río de Janeiro” (Flying down to Rio, 1933) donde por primera vez bailan juntos en la gran pantalla. Esta escena eclipsa la película y el público quiere ver más de esta nueva pareja. Este es el germen de quienes hablaremos hoy, una Ginger Rogers con talento, pero desde luego no tantas dotes como bailarina como él y un Fred Astaire, de quien la RKO dijo que “No sabe cantar. No sabe actuar. Con entradas. Sabe bailar un poco”. Pues bien, la que casi no sabía bailar y el que no sabía cantar van a pasar a la historia del cine por los diez musicales que hicieron juntos.

 

La productora RKO se puso manos a la obra en cuánto vio el reclamo del público y desde 1934 hasta 1939 Ginger y Fred protagonizaron ocho películas, después se tomaron un descanso y en 1949 volvieron a trabajar juntos en “Vuelve a mí” (The Barkleys of Broadway), siendo esta la última vez que les vemos juntos en la gran pantalla. Estos musicales mantienen un esquema casi idéntico, en todos hay un número cómico, un solo de Astaire, los bailes se realizan en sitios amplios con la cámara inmóvil enfocando todo el espacio por donde los bailarines se van a mover. En cuanto a la trama, en la mayoría el personaje de Astaire se enamora del de Rogers e intenta poco a poco ir conquistándola. Se trata casi siempre de comedias románticas aunque alguna se aleje de la comedia e introduzca el tema bélico, como “La historia de Irene Castle” (The story of Vernon and Irene Castle, 1939). Por seguir con similitudes o puntos comunes, también podemos destacar que Eric Blore actúa como actor secundario en hasta cinco de sus diez films juntos, Edward Everett Horton aparecen en tres o Helen Broderick en dos, hecho que me encanta, pues suelen aportar un toque cómico en cada escena en que salen.

Una vez analizado esto, la pregunta es, entonces ¿qué nos lleva a ver diez películas, si son tan parecidas? Mi respuesta es que por no ver la misma varias veces, simple y llanamente. Obviamente la calidad de todas no es igual, “Sombrero de copa” (Top hat, 1935) está un paso por encima, puede ser por la elección de temas, por las coreografías o por la pareja de secundarios, Edward Everett Horton y Helen Broderick, que están sarcásticos y graciosos a más no poder o por la combinación de todas juntas.

Esta pareja no es tanto las películas que nos han dejado, que sí, sino por la sensación de verles juntos en la pantalla. La química que hay entre ellos al bailar no la ha conseguido nadie. Yo tengo una teoría, y es que sus bailes se grabaron en la Luna, con menos gravedad, y luego lo montaron a cámara rápida, porque da la impresión de que no son humanos, ellos flotan y se mueven a una velocidad extremadamente rápida, y si mi teoría no es válida, que alguien me explique cómo se puede girar tan rápido con alguien, porque o ahí Rogers literalmente vuela o yo no lo entiendo. Pero a la vez, ves sus caras y todo parece fácil, hasta patinar, bailar y hacer claqué a la vez como en “Ritmo loco” (Shall we dance, 1937). Dan ganas de levantarse e intentarlo, aunque posiblemente no sea aconsejable.

 

Tras este aluvión de títulos en tan poco espacio de tiempo la pareja decidió seguir caminos por separado. Hay quien dice que por que se llevaban mal, otros que Rogers quería dejar el musical y probar otros géneros, el caso es que ya habían hecho historia, se podrían haber retirado a un rancho que hubiera dado igual, hoy seguirían siendo lo que son. Pero la casualidad les volvió a unir cuando Judy Garland dejó “Vuelve a mí” y en su lugar entró Ginger Rogers para dejarnos la imagen de verles bailar en color.

Fred Astaire siguió haciendo musicales y repitiendo en dos ocasiones con actrices como Audrey Hepburn, Judy Garland, Rita Hayworth o Cyd Charisse, quien posiblemente sea la mejor bailarina con la que trabajó Astaire, pero aun así, con ninguna traspasó la pantalla como con Ginger Rogers (curiosamente sin besarse en ninguno de sus films) y por eso tienen este hueco aquí, porque ellos son una histórica pareja de cine.

Para el final me he dejado una serie de curiosidades de lo más dispares. Para quien como a mí, le guste la música de Gershwin o Berlin pero la voz de Astaire no le diga nada que escuche el disco “The complete Ella Fitzgerald and Louis Armstong on Verve”, duetos de estos dos grandes del jazz versionando muchos de los temas aparecidos en musicales de Astaire y Rogers. El director Federico Fellini realizó en 1986 la película “Ginger y Fred” una historia de dos bailarines y un claro homenaje a esta pareja, pero Ginger Rogers le demandó por utilización indebida de nombre e imagen. Otra película, esta vez “Bienvenidos a Belleville” (Les triplettes de Belleville, 2003) podremos ver una escena donde un Fred Astaire animado acaba siendo atacado por sus famosos botines, ya hartos del maltrato que sufren, he intentado buscar un enlace para el vídeo, pero no hubo suerte, si alguien la encuentra que deje un link en los comentarios. Y la última curiosidad es, que en la ciudad de Praga se encuentra la “Casa Danzante” aunque también se la conoce como “Fred y Ginger”. Por lo que parece por mucho que pasen los años su estela no se apaga, y yo que me alegro.