Clasicosis

Cine Clásico: 'Canción de cuna para un cadáver' traumatizado por el pasado.

"¿Para qué crees que te pedí venir? ¿Compañía?"

Ficha: Canción de cuna para un cadáver.

Confieso que normalmente aprendo y disfruto realizando las fichas que acompañan a cada película. Pero se alcanza un nivel superior cuando Joan Crawford entra en acción. La cantidad de anécdotas, desaires o delirios de grandeza que nos ha regalado la actriz no dejarán de sorprenderme. Habrá quien esté perdido ya que Crawford no aparece en este film. Joan Crawford no aparece en este film porque abandonó el proyecto a mitad del rodaje cuando se hospitalizó por una más que sospechosa "cuentitits". Robert Aldrich acabó viajando a Suiza para convencer a Olivia de Havilland y volvió a rodar el film con ella. La gran amistad entre las actrices hizo más fácil terminar el rodaje.

La enemistad entre Bette Davis y Joan Crawford es mundialmente conocida. Junto a Robert Aldrich habían firmado "¿Qué fue de Baby Jane?". La Fox quiso repetir el éxito con "Canción de cuna para un cadáver" (Hush... hush, sweet Charlotte, 1964) pero esta vez la tensión rompió el hilo. Tiendo a criticar las traducciones tan libres de los títulos, sin embargo, éste tiene una cierta poética que no me desagrada. Viniendo de una canción que suena durante el film, mantener el espíritu original habría sido difícil, aunque en ciertos países utilizaron "Cálmate, dulce Carlota" para mantenerse más fieles.

Charlotte (Bette Davis) es una mujer desequilibrada que vive en una gran mansión de Louisiana. Su casa es lo único que tiene pero está a punto de perderla así que pide ayuda a su prima Miriam (Olivia de Havilland) y su viejo amigo Drew (Joseph Cotten). Al comienzo del film viajamos al pasado, al acontecimiento que ha hecho que Charlotte sea hoy como es. Años más tarde vemos que sólo le queda la compañía de su sirvienta Velma (una irreconocible Agnes Moorehead).

Además de las reminiscencias de la ya nombrada "¿Qué fue de baby Jane?", donde un acontecimiento traumático del pasado condiciona la errante actuación de nuestra protagonista, el principal valor del film está en su reparto. Lleno de actores espléndidos ya en su madurez, sus interpretaciones son una absoluta delicia. Desde una mayorcísima Mary Astor (en su último film antes de fallecer) y con pocos minutos en pantalla, hasta unas soberbias Agnes Moorehead, Bette Davis y Olivia de Havilland. Moorehead es una robaescenas, y no es la primera vez. Su personaje lleva tantos años anclado a Charlotte que ha ido contagiándose de su falta de modales y brusquedad. A Olivia de Havilland pocas veces la hemos visto desprender tanta clase y seguridad a vez que vulnerabilidad. Ahora me resulta complicadísimo imaginar a Crawford en su papel. Le habría dado un enfoque distinto, con mucho más carácter. Bette Davis vuelve a ser la reina de la fiesta. Con un personaje que en cualquier momento podría pasarse de la raya. Sin embargo, ella juega sin pasarse. Siendo más contenida y sufridora que su famosa Baby Jane, a quien esta vez entendemos y empatizamos con ella mucho más.

El apartado técnico redondea esta obra. Este drama sureño introduce muchos toques psicológicos. Aldrich nos muestra la locura de Charlotte dejando al espectador decidir si lo que ve es real o no. Con un montaje y planos fuera de lo habitual consigue recrear un ambiente de asfixia y tensión que eleva el film a una experiencia agobiante y muy gratificante. La fotografía y el juego de sombras que utiliza Joseph Biroc ayuda a crear esa atmósfera opresiva y hasta tétrica. La música tira por la psicología inversa. Una nana o canción infantil pueden dar más escalofríos que las bandas sonoras con melodías propias de thriller, intriga o terror.

Si consideramos a Bette davis como una de las mejores actrices de la historia, esta película debe estar considerada obligatoria. El film la encumbra pero no sólo ella lo sostiene. La historia es absorbente, las actuaciones fantásticas y la dirección artística está cuidada y aporta estilo. Una gran recomendación.