Clasicosis

Cine Clásico: 'Carta de una desconocida', mirar sin ver.

- Aunque no lo sabías, me estabas dando las horas más felices de mi vida.

Ficha: Carta de una desconocida.

Hace unos días nos dejaba una de las últimas supervivientes del Hollywood clásico, Joan Fontaine.. Hay algo curioso cuando ésto ocurre, una sensación contradictoria. Somos conscientes de que dada su avanzada edad esta noticia podía saltar en cualquier momento, pura ley de vida. Sin embargo, en nuestra mente siguen siendo jóvenes, no han envejecido. Cierto aura de inmortalidad les rodea. Por eso la noticia es un shock aunque también alivia saber que nunca se irán para siempre.

Joan Fontaine tiene un estatus de estrella indiscutible. Entró por la puerta grande de la mano de Hitchcock con "Rebeca" y "Sospecha", pero en su carrera hubo hueco para algún título eterno más. Hoy nos centraremos en una de las cumbres del drama romántico, "Carta de una desconocida" (Letter from an unkown woman, 1948) del magnífico realizador Max Ophüls.

En la Viena de 1900, la joven Lisa Berndle (Joan Fontaine) crece en el edificio donde trabaja su madre. Allí vive un famoso pianista, Stefan Bran (Louis Jourdan) de quien ella está perdidamente enamorada. Él no sabe ni que ella existe, pero para el amor platónico eso no es importante. Lisa alimentará una fantasía observándole, escuchándole tocar como si fuera para ella. La historia se narra a través de una carta que Lisa envía a Stefan estando posiblemente muerta. Este hecho le da un inevitable sentido trágico a todo el visionado.

Max Ophüls firma uno de sus pocos títulos estadounidenses pero uno de los más recordados. Adapta la novela de Stefan Zweig de forma más que correcta. Estamos ante una historia que necesita mucha voz en off y ésto siempre es un riesgo importante en un medio como en cinematográfico. Ophüls consigue que la tranquila y casi susurrante voz de Fontaine no sólo no moleste sino que consiga ser embaucadora. Siempre me ha fascinado cómo mueve la cámara el director alemán. Está en continuo movimiento, con planos bastante largos que invitan a inmiscuirte en la historia. No presentan un film ante tus ojos sino que eres tú quien entra en él y observa. Un matiz que marca la diferencia. Por eso hay conversaciones que quedan tapadas por música o ruido ambiental, desde donde estamos no escuchamos pero entendemos perfectamente qué está pasando.

Se podría decir que Joan Fontaine nació para interpretar a sufridoras. Pocas como ella podían mostrar tanta fragilidad. Para papeles como el de esta película era perfecta. Su físico y rostro aniñado hacen que, a pesar de tener 31 años, veamos a una adolescente enamorada que crece hasta convertirse en mujer. Siempre insegura, siempre temerosa, su retrato de Lisa es inmejorable. Louis Jourdan tiene en proporción pocos minutos en pantalla. No es un actor que me entusiasme pero aquí se ajusta bien al papel de galán. Cuantas más veces veo este film más me pongo en su lugar. Lo demoledor que debe ser recibir esta carta podría dar para otra película.

Como todo drama romántico, hay que entrar y jugar. Es muy difícil en tan sólo hora media conseguir plasmar un amor profundo con el que empatizar. Personalmente, me cuesta no juzgar al personaje de Fontaine por muchas de sus acciones. Por alimentar esa fantasía, por no mostrar cierto orgullo o por guardarse hechos importantes para sí. Pero a pesar de no comulgar con todo, no puedo negar que estamos ante un film delicado y lleno de emotividad. Obra cumbre del amor platónico, idealista y puro.