Clasicosis

Cine Clásico: 'Anastasia', la última Romanov... o no.

- La examinan como si fuera la verdadera Anastasia. Anastasia no existe.

Ficha: Anastasia.

Ingrid Bergman hizo correr ríos de tinta cuando se fue a Italia a rodar con Rossellini "Stromboli, tierra de Dios" (1949). Ambos se enamoraron y ella, por entonces casada, se divorció para instalarse en el país trasnalpino. La moral estadounidense no llevó nada bien la conducta de la actriz lo que provocó un exilio que duraría hasta la vuelta a lo grande de la actriz con "Anastasia" (id, 1956). Hay regresos y regresos y el de Bergman fue como un ciclón, llegando a ganar su segundo Oscar. El premio lo recogería su amigo Cary Grant.

En 1997, Fox encargó un remake de animación para hacer frente a Disney. No les salió nada mal, obtuvo algún premio y reconocimiento entre los films animados de su año, sin embargo no es suficiente para enfrentarla en un cara a cara con la original en nuestra sección de remakes. La película animada está adaptada al público infantil con villanos con poderes como Rasputín, animales parlantes y números musicales. Perfecta para los más pequeños pero inferior al sensible melodrama de Anatole Litvak.

La historia se basa en la leyenda de que Anastasia sobrevivió a la matanza de Ekaterimburgo (1918) donde toda la dinastía Romanov fue fusilada. En el París de 1928 aparece una desorientada mujer (Ingrid Bergman) que vaga por las calles y no recuerda su pasado. El General Bounine (Yul Brynner) la recoge para hacerla pasar por la desaparecida Anastasia a ojos de su abuela (Helen Hayes) y así tener acceso a una jugosa herencia.

El pilar básico del film es Ingrid Bergman. Interpreta a una mujer compleja. Atormentada por su amnesia y las vivencias que sí recuerda. Al comenzar la película estamos ante una mujer mentalmente inestable. El personaje va evolucionando, memorizando datos que pueden ser suyos o no, lo cual la sitúa en un constante abismo. Sin embargo, a su vez se está convirtiendo en una buena candidata a Alteza Imperial. Un complejo personaje por las muchas capas que debe mostrar.

Yul Brynner se convierte en el perfecto acompañante. En el mismo año rodó dos films con personajes de un perfil similar, ésta y por la que se llevaría un Oscar, "El rey y yo" (The king and I, 1956). Este hombre, estricto y determinado, es la perfecta guía para Anna Koreff sin olvidar los motivos económicos que le mueven. Sin duda, la interpretación secundaria más conmovedora es la de Helen Hayes. Esta anciana aristócrata, cansada de ver a candidatas convertirse en su nieta, esconde tras su dureza mucho dolor y soledad.

La dirección de Litvak y el guion Arthur Laurents de hacen que veamos tras la superficie de estos personajes. Bajo la opulencia se encuentran seres humanos principalmente solitarios y maltratados por el pasado. La película tiene una puesta en escena cuidada y sublime que se ve engrandecida por el uso del Cinemascope. La banda sonora de Alfred Newman completa la atmósfera de sensibilidad y altas esferas que el film quiere transmitir.

Podríamos considerar este melodrama como una revisión del mito de Pigmalión adaptada a los misterios de la caída de los Romanov. Un film que trata al espectador como un ente inteligente. Deja enigmas en el aire y aun así el público queda satisfecho. Un romance imperceptible y casi invisible pero no por ello poco creíble. La película crece a medida que nos involucramos en ella. La aparición de Helen Hayes, con la cinta ya bastante avanzada, revoluciona la trama y aumenta su profundidad. Rompiendo un poco con el tono del film, encontramos una escena donde Bergman ha bebido demasiado champán completamente magnética.

Basándose en la historia de Anna Anderson, quien se pasó años en juicios intentando demostrar que era la auténtica Anastasia, el film acaba desmarcándose y contando la historia que quería contar. Una de las razones es que en 1956 aún no se sabía si la propia Anderson era o no una Romanov (décadas más tarde se acabaría demostrando que no). Estamos más ante una historia de personajes que buscan saber quienes son, ponerle un rumbo a sus vidas. Aunque parezca un film frío, realmente estamos ante una película bien hecha e irremediablemente embaucadora. Un cine que respira clasicismo por los cuatro costados, de ese que ya no se ve.