Clasicosis

Cine Clásico: 65º aniversario de 'El manantial'. Película subtitulada incluida.

"Yo no construyo para tener clientes. Tengo clientes para poder construir."

Ficha: El manantial.

El 2 de Julio de 1949 se estrenaba en Estados Unidos un complejo melodrama que acabó siendo un auténtico fracaso. La filósofa y escritora Ayn Rand adaptó su propia novela y, al igual que su personaje principal, exigió que todo lo que escribía se adaptase a la pantalla. Cuando la autora vio que uno de los momentos clave del film se acortó se enfadó tanto que nunca más volvió a colaborar con Warner Bros. Viendo su estilo e ideología, entendemos perfectamente al personaje que creó.

Parte del fracaso de "El manantial" (The fountainhead, 1949) se le achacó a Gary Cooper, quien tenía que interpretar a un joven de grandes ideales y a sus casi 50 años era algo que costaba imaginarse. En el rostro de los actores no se ve el paso del tiempo. Aunque no se concreta, la historia narra más de una década (hasta podrían ser dos) y el rostro de Cooper no cambia un ápice. Incluso al principio del film, mientras trabaja en una cantera se le ve bastante mayor que en las últimas escenas. Pero esa es quizás la mayor pega que se le puede poner. Eso y que durante uno de los punto álgidos del film Cooper pecara de cierta monotonía en el habla ya que no llegó a comprender la profundidad del discurso que estaba dando. Patricia Neal, sin embargo, tenía tan solo 22 años y era su primer papel importante pero ambos consiguen una gran química, había tan buena química que de hecho fueron amantes durante unos años.

La película retrata la lucha de un hombre de principios frente al mundo. Howard Roark (Gary Cooper) es un arquitecto que prefiere no trabajar a hacerlo por dinero y que su obra sufra cualquier modificación. Este hombre a priori incorruptible tendrá que enfrentarse a todo tipo de dificultades. Por otro lado, Gail Wynand (Raymond Massey) dirige un periódico con mucha influencia y se cree por encima del bien y del mal. Dentro del periódico, los dos especialistas en arquitectura Ellsworth M. Toohey (Robert Douglas) y Dominique Francon (Patricia Neal) no pueden tener visiones más opuestas.

Desvelar parte de la trama no tiene mayor importancia. La cinta quiere componer todo un tratado filosófico de la particular visión de Ayn Rand del mundo. Gary Cooper es un ser incorruptible, esto le convierte en una persona admirable pero a su vez soberbia. Raymond Massey, por el contrario, cree que todo el mundo tiene un precio y que ante su poder nadie le negará nada. Es un fantástico personaje, quizás el que más se transforma. Lo hace de forma coherente pero a su vez sorprendente para el espectador. Un personaje de estas características se quedaría en una evolución muy plana en casi cualquier otra película. Aquí tanto él como Robert Douglas tienen la oportunidad de mostrar las muchas caras de sus personajes y eso le da más empaque aún al film.

A Patricia Neal la conocemos tirando una estatua por la ventana. Es demasiado bella y perfecta y teme acabar queriéndola, prefiere destruirla ya que en el mundo en que vivimos la grandeza no tiene lugar. Impresionante entrada para un personaje contradictorio pero fascinante. Tal y como están escritos, Howard y Dominique están destinados a no encontrarse. Para estar juntos alguno tendría que dar su brazo a torcer en sus fuertes convicciones y si alguno diese su brazo a torcer ese amor desaparecería.

En los apartados más técnicos también sobresalen varios nombres. Para ilustrar los proyectos del ficticio arquitecto, Warner Bros intentó llegar a un acuerdo con Frank Lloyd Wright quien exigió demasiado dinero. Y fue por ello que el encargado de imitar su obra fue el director artístico del film, Edward Carrere. Carrere realiza una ambientación magnífica y visualmente es un deleite. Su trabajo se combina con el de Robert Burks, uno de los grandes colaboradores de Alfred Hitchcock, quien está al cargo de la fotografía. Max Steiner fue un gran compositor de cine aunque en esta ocasión se hace demasiado presente en momentos donde quizás no sea tan necesario.

King Vidor dirige a un grupo de actores soberbios pero con unos personajes a los que sacarle mucha miga, lleva a la pantalla un guion muy ambicioso y muy controlado por su autora. Rodada casi enteramente en interiores, Vidor elige encuadres y planos soberbios (como toda la trama de la cantera) para dar espectacularidad y personalidad a un título que no deja indiferente.

Desde el primer tramo vemos que esta película es distinta a todas. Su historia, su forma de narrar, sus personajes, su trasfondo y su mensaje forman una obra que trasciende mucho más de lo habitual. Es una oda anticomunista que ensalza el capitalismo más extremo. Sin embargo, por muy apartado que esté uno de ese ideal, narrativamente tiene tanta fuerza y una base metafísica tan sólida, que será imposible que el film no engatuse.

 

 

P.D.: Aquí dejo el film con subtítulos en castellano.