Clasicosis

Cine Clásico: 'La señora Miniver' afronta la guerra.

- Sinceramente, ¿es momento para frivolidades?

- ¿Es momento para perder el sentido del humor?

Ficha: La señora Miniver.

William Wyler es uno de los directores de los que más hemos escrito en este blog y no es casualidad. Practicamente todos los títulos del realizador son dignos de mención y su variedad es apabullante. Wyler tiene magníficas películas en el drama, el melodrama, el western, la comedia, el noir, drama psicológico o épico, nada se le resistía.

"La señora Miniver" (Mrs. Miniver, 1942) forma pareja con "Los mejores años de nuestra vida" (The best years of our lives, 1946). Ambas películas ganaron el Oscar a mejor película, director y varios miembros del reparto entre otros muchos galardones, fueron las grandes triunfadoras de su año. Si en "Los mejores años de nuestra vida" hablábamos de cómo deja la guerra, en "La señora Miniver" veremos cómo llega.

Kay Miniver (Greer Garson) y su marido Clem (Walter Pidgeon) son un matrimonio acomodado con tres hijos, uno de ellos a punto de llegar de la universidad. Vin Miniver (Richard Ney) vuelve a casa lleno de ideales hasta que choca de pleno con la nieta (Teresa Wright) de la aristócrata de un pequeño pueblo inglés. Entre compras, gastos y bailes estalla la guerra y ésta no solo afecta a quien va al frente.

La señora Miniver no es sólo el personaje de Greer Garson, a lo largo del film veremos que el título no puede ser más acertado. William Wyler declaró que su propósito al realizar este film era que el pueblo norteamericano viese por lo que estaba pasando el pueblo inglés y se involucrase finalmente en la II Guerra Mundial. Cuando le llegó el momento de recoger su Oscar, Wyler no estaba en Estados Unidos ya que se había alistado. Tras vivir de cerca la guerra pensó que la película puede pecar de descafeinada. Y puede tener razón.

Su objetivo lo consigue, a través de esta familia y pequeña localidad vemos que la guerra va mucho más allá del frente y los soldados que se juegan la vida. La población civil también tiene su parte de dolor, sufrimiento, tensión y hasta heroísmo. Quizás no sean los que más sufren, más sienten dolor o tensión o los que más heroicidades consiguen, pero su historia también merece la pena.

Si consiguió ser el gran éxito de su año es porque llega a ser conmovedora, conectamos plenamente con los Miniver. El discurso final mantiene su pulso a la perfección a día de hoy pero en su momento fue un auténtico bombazo. Se distribuyó por toda Europa y en revistas norteamericanas. Existe una secuela de la que quizás hablemos en un futuro centrada en la postguerra aunque ya sin Wyler o los guionistas Arthur Wimperis, George Froeschel, James Hilton o Claudine West.

Al igual que en "Los mejores años de nuestra vida", estamos ante un film coral donde no hay ni una interpretación que desentone. Richard Ney debuta en el cine y se nota, se queda algo atrás respecto al resto de grandes actores. Teresa Wright con tan sólo 22 años deslumbra y llena la pantalla. Le roba el Oscar a su "abuela"  Dame Mae Whitty y nadie puede objetar nada. Personalmente, creo que ella roba la película aunque quizás se deba a mi fascinación por esta actriz.  Greer Garson, aunque en un principio no quería el papel (como la mayoría de actrices de Hollywood, temía que al interpretar a una madre su carrera se viese dañada) finalmente lo borda. Ella sostiene la película con un personaje muy interesante, quien a priori puede parecer una ama de casa con una vida cómoda, se va abriendo hasta ofrecernos a una mujer sensible, fuerte e inteligente. El apartado masculino, posiblemente porque se les supone más entereza en estos casos, no destaca tanto como el femenino. Walter Pidgeon y Greer Garson llegaron a hacer hasta 8 films juntos, su química era fantástica, encontraron el tono perfecto para interpretar a este matrimonio.

A William Wyler a veces le gustaba irse un poco en el metraje, aquí supera las dos horas y sin embargo el film se pasa volando llegando al último tramo sin signos de agotamiento. De hecho, estamos más involucrados que nunca. Estamos ante una cinta con clase y mucho corazón. Un drama clásico de los indispensables. Hay veces que el cine consigue que su influencia vaya más allá del entretenimiento y este es uno de esos casos. Hasta Churchill reconoció que esta película ayudó más a ganar la guerra que una flota de buques.