Clasicosis

Cine clásico: ‘Johnny Guitar’ y las mujeres del oeste.

- Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.

Ficha: Johnny Guitar

Resulta paradójico que en lo primero que pensamos al oír el nombre Johnny Guitar sea irremediablemente en Vienna o en Emma, en Joan Crawford o en Mercedes McCambridge. Título con nombre de varón pero asociado a sus personajes femeninos, el verdadero núcleo del film.

“Johnny Guitar” (id, 1954) nunca sería posible sin Joan Crawford. Ella, compró los derechos del libro, encontró en Republic Pictures el estudio perfecto para llevarlo a cabo y no dejó de pelear por hacer las cosas a su manera, ordenó reescribir el guion y hacer el final como a ella le gustaba. Quería ser la estrella del film y acabó consiguiéndolo. Si hay algo típico que ocurre cuando escribo sobre alguno de sus films es la innumerable cantidad de anécdotas, la mayoría centradas en sus aires de diva y sus enfrentamientos con el resto del reparto o equipo. En esta ocasión, con ella tan involucrada en el proyecto probablemente se podría hacer un film al estilo “Cazador blanco, corazón negro” (1990) de Clint Eastwood sobre John Huston y el rodaje de ‘La Reina de África’.

 

Johnny Guitar (Sterling Hayden) es un pistolero que se rencuentra con un antiguo amor en el salón que ella ahora posee. Esta segunda oportunidad llega en un momento en que Vienna (Joan Crawford) se ve presionada por una de las mayores terratenientes de la zona. Emma (Mercedes McCambridge) teme que la llegada del ferrocarril desestabilice su pequeño imperio y hará todo lo posible por quitarse de en medio a Vienna, quien se vería muy beneficiada con la llegada de las vías.

En la película vemos dos formas de afrontar la vida y la batalla. Vienna es una mujer dura, exigente, luchadora, que sabe imponer su autoridad con tan solo una mirada. Se enfrenta al peligro con calma, confiando en su verdad y sin exigirle a nadie que se sacrifique por ella. Emma por el contrario es la definición de la política del miedo. Una mujer movida por el odio que se ciega ante todo con tal de cumplir su voluntad. Coge la verdad y la modifica a su conveniencia. Invoca al miedo en sus discursos para mantener a la gente a su lado. La película también se apoya en el vestuario para marcar las diferencias entre ambas, la colorida y práctica Vienna frente a la conservadora y oscura Emma.

Hay algo claro, si estos dos personajes han sobrevivido hasta el día del hoy sin que el tiempo las arrugue ni un poco es por las acertadísimas actuaciones de estas actrices. Los ojos de Crawford son el espejo del alma de Vienna. Los ojos de McCambridge desprenden un fuego y veneno que asustan. El resto del reparto son hombres en su totalidad y, a pesar de realizar unas correctas actuaciones, quedan absolutamente eclipsados.

Johnny Guitar es un western, sí, pero es de Nicholas Ray, uno de los directores más incomprendidos. Su determinación a hacer las películas que a él le gustaban y como a él le gustaban le llevó a no ser el favorito de muchísimos estudios. Esto no significa que Ray no fuera un maravilloso director que el tiempo y los cinéfilos están poniendo en su sitio. El ritmo, el sitio donde colocar la cámara está perfectamente pensado para deleitar al espectador. Y esto unido a la estupenda partitura de Victor Young nos ayuda a comprender cómo un film con el presupuesto de serie B llegó a ser un éxito en taquilla y una película de culto. La autoría del guion no corresponde a Yordan , nombre que aparece en los créditos, sino a Ben Maddow, quien no podía trabajar por estar en la famosa lista negra de McCarthy. Aunque con tanto cambio de último momento se dice que Maddow no lo reconocía como suyo. Sea como fuere, el film ya tiene frases que pasarán a la historia del cine, como la que encabeza esta entrada, nos trae una historia distinta e inolvidable, unos personajes inmortales. Parece que el caos también puede ser de lo más fructífero.

 

Sabéis lo mucho que me gusta cuando se muestran personajes femeninos fuertes, fuera del tópico y con mucha presencia. Con esta película supondréis que estoy exultante. Que en el lejano y duro oeste que sean dos mujeres quienes llevan el peso de la historia me fascina. Lo consiguen sin caer en excentricidades, sin perder su esencia, sin ser dos mujeres jugando a los vaqueros sino que tiene sus propias motivaciones, personalidad y manera de enfrentarse a la vida. Hay quien dice que si las mujeres dominaran el mundo no habría guerras, estas mujeres tiran por tierra tal afirmación.