Clasicosis

Cine Clásico: 'Hombres intrépidos' Hombres de mar.

Con sus odios y deseos, el hombre está cambiándole la cara a la Tierra, pero no puede cambiar el mar. El hombre que vive en el mar nunca cambia, pues vive en un mundo solitario y alejado viajando a la deriva de un barco a vapor oxidado a otro, uniendo los países...

Ficha: Hombres intrépidos.

En una ocasión más, toca escribir sobre un film de una de las parejas más fructíferas de la historia del cine, y no tan solo por el número de películas que hicieron juntos, sino por la calidad de la mayoría de dichas cintas, me refiero a la pareja formada por el director John Ford y por su actor fetiche John Wayne. El actor participó en catorce películas con un personaje bien definido, además de en tres películas como extras.

En plena Segunda Guerra Mundial, tras pasar unos días de placer anclado junto a las Antillas, el carguero SS Glencairn se dispone volver a casa, Estados Unidos, pero con una carga que hará que su viaje sea más peligroso de lo que ya es, una carga de dinamita. El continuo miedo por un posible ataque de algún submarino alemán tiene sus efectos en la tripulación tan heterogénea, Driscoll (Thomas Mitchell), un irlandés de mediana edad, Ole Olsen (John Wayne), un joven ex-granjero de origen sueco, y Smitty (Ian Hunter), un caballero inglés con un pasado incierto.

Sin ser una de las películas destacadas en la filmografía del gran director norteamericano, John Ford, el film sabe transmitir una gran cantidad de sensaciones, ya que viajamos con un grupo bastante heterogéneo de tripulantes, donde la testosterona predomina, por ello hay momentos dramáticos, cómicos, de acción o incluso de suspense, pero todo ello mostrado con un verdadero cuidado a la hora de filmar. El emplazamiento y la ambientación de la historia son de vital importancia, ya que estamos en un barco, lo que limita los escenarios y los movimientos de los personajes, aunque al final del film haya algunas escenas en tierra, pero además estamos en plena guerra, esto es, sobre todo, lo que mueve a los personajes, lo que hace que se comporten de una manera u otra.

John Wayne es la cara de la película, el nombre, por así decirlo, pero no podemos hablar de que sea el protagonista, porque la historia no se centra en ninguno de los marineros en especial. Él es un hombre de mar, que lleva más de media vida de viaje en viaje, con la eterna promesa de que el viaje en el que esté será el último y volverá a casa, pero es difícil dejar el mar, cuando ya estás acostumbrado a él. A parte de la historia del personaje de John Wayne, está Thomas Mitchell, que interpreta a un irlandés, bebedor y violento, para fomentar la fama irlandesa, un hombre que se deja dominar por su carácter, algo que le hace entrar en más de un problema. Ian Hunter interpreta a Smitty, el nuevo marinero inglés del que se conoce poco y del que se empieza a sospechar que oculta algo, y en pleno conflicto mundial, puede ser cualquier cosa.

No creo que sea un film imprescindible dentro de la carrera del director y del actor, pero como entretenimiento puede ser eficaz, aunque hay algunos momentos en el que el ritmo decae, pero luego se incrementa para tener un final realmente bueno, los últimos diez o quince minutos de la película son muy buenos, de esos que te deja la mirada clavada en la pantalla deseando saber que va a pasar al final.