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Off-Hollywood: 'Trono de sangre'.

Admirable esposo mío, un hombre que aspira a gobernar toda la nación no puede dejarse asustar por un simple fantasma.

Ficha: Trono de sangre.

Ver una adaptación cinematográfica de una de las historias más famosas de uno de los escritores más famosos de todos los tiempos, me refiero a 'Macbeth' de William Shakespeare, no tiene nada de sorprendente. Se han realizado multitud de ellas, pero cuando una de estas adaptaciones viene desde Japón, ambientada en dicho país con samuráis de por medio, y firmada por Akira Kurosawa, la cosa se pone interesante, y por ello no me quedó otro remedio que echarle un vistazo a 'Trono de sangre' (Kumonosu-jô, 1957).

Después de una gran victoria militar, Lords Washizu y Miki (Toshirô Mifune y Akira Kubo) se pierden en el denso bosque de la telaraña, donde conocen a una misteriosa anciana que predice grandes cosas para Washizu y aun mayores para los descendientes de Miki. Una vez fuera del bosque, Washizu y Miki son inmediatamente promovidos por el Emperador. Washizu, animado por su ambiciosa esposa, conspira para hacer aún más probable que la profecía se haga realidad, incluso significando eso que hay que matar al emperador.

El resultado no podía ser otro para un cineasta de la altura de Akira Kurosawa, quien es capaz de adaptar el clásico literario a las mil maravillas y traerlo a su terreno. Desde el principio de la cinta nos situamos en un ambiente en guerra, donde no vemos las batallas, tan solo a corresponsales llevando las noticias al emperador sobre el avance del conflicto. Así ya nos situamos en un mundo donde todo lo que uno quiere tiene que ser cogido por la fuerza, así dentro de la mente del más fuerte crece la ambición de conseguir todo, aunque por ello se tenga que cometer una alta traición, en parte infundada por una mente astuta de una persona más débil. Algo que adoro de este film, es el ritmo que el director infunde a la historia, donde todo ocurre cuando debe, y hace que la película se te pase en un abrir y cerrar de ojos, todo ello con una ambientación perfecta y una fotografía en blanco y negro brillante, donde destacan, para mi gusto, las escenas donde aparece la anciana en el bosque de la telaraña.

El dueño y señor en el apartado interpretativo es Toshirô Mifune, ya que toda la historia se centra en el personaje que él interpreta, quien es un tremendo guerrero capaz de solucionar la guerra cuando todo parecía que estaba perdido. Pero quien tras el encuentro con la anciana, y conocer cuál puede ser su destino, cambia de personalidad, de ser el leal soldado del emperador a ser esa persona que hará cualquier cosa por hacer la profecía realidad.

Todo un clásico del cine nipón adaptando una de las obras eternas de unos de los mayores escritores británicos, una mezcla que tiene que hacer que nadie se pierda un film de este calibre.