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Cine Clásico: 'El enemigo de las rubias' Primera película Hitchcockiana.

Cuando haya puesto la soga alrededor del cuello del Vengador pondré un anillo en el dedo de Daisy.

Ficha: El enemigo de las rubias.

Como podréis ver dentro de poco, además de dedicarle a Alfred Hithcock el nombre del blog y el de dos de los nombres de escritores de dicho blog, durante este mes de Marzo y el de Abril, le dedicaremos un gran espacio a la obra del director británico. Todo, por ser un director que ha inspirado a tantas generaciones de otros talentos del cine, además de ser uno de eso privilegiados que era capaz de mover a audiencia en masa para ver su próximo estreno.

Para empezar este viaje por la filmografía del maestro del suspense, hemos decidido hacerlo por la que el mismo director consideró su primera película hitchcockiana en la serie de entrevistas que le hizo François Truffaut. El joven director británico, tras haber trabajado en una empresa de telegrafía, empezó a elaborar los rótulos de las películas en una productora de cine. Así pasó de puesto en puesto, guionista, ayudante de dirección, etc. hasta que se le dio la oportunidad de dirigir una película. Su primer proyecto fue 'Number 13' en 1922 , una película que nunca fue acabada. Luego vino 'El jardín de la alegría' (The Pleasure Garden, 1925) para seguir con 'The Mountain Eagle' (1926), de la cual no ha sobrevivido una copia. A continuación vino su primer gran proyecto, en el que hoy nos centramos 'El enemigo de las rubias' (The Lodger, 1927). Aunque en sus anteriores películas ya había mostrado los primeros toques de la clase de director que llegaría a ser, fue en este donde dejó claro en qué clase de proyectos se encontraba cómodo.

El film nos sitúa en Londres, y al igual que ocurrió con Jack el destripador, un asesino en serie tiene a la población asustada. Cada noche del martes una mujer de cabello rubio es encontrada muerta en las calles londinenses, siempre con un papel en la que aparece la firma del asesino, The Avenger. Bajo este contexto nos centramos en una familia, padres e hija, y el prometido de esta, un detective. A casa de estos, llega un joven extraño en busca de ocupar la habitación que estos ofrecen. El joven tiene un comportamiento raro, y pronto los dueños de la casa empezarán a creer que es sospechoso y que podría ser el asesino, y esto les hace enloquecer, ya que el inquilino está empezando a interesar en la hija de ellos.

Desde los primeros minutos del film, Alfred Hitchcock nos hace ver en la clase de película que estamos, ya que lo que vemos en primera instancia es el gesto de una de las víctimas del asesino mientras está siendo asesinada, no es como hiciera más tarde en 'La soga', que muestra el asesinato en primer plano al inicio del film. Aunque el misterio de la identidad está en el aire, no es de vital importancia para la continuación de la historia, esto podría ser el McGuffin de esta película. Lo verdaderamente importante es la forma en la que afecta el que un asesino ande suelto a los protagonistas del film. Así vemos a un detective frustrado por no conseguir atraparlo, a unos padres sobreprotectores porque su hija encaja en el perfil de víctima y un inquilino que, aunque hace motivos para ser sospechoso, es perseguido y juzgado por los demás sin ninguna prueba concluyente.

Al igual que en los anteriores films del director, volvió a contar con Eliot Stannard como guionista, con Baron Ventimiglia como director de fotografía y con su mujer, Alma Reville, como asistente de dirección. Todos formaron un gran equipo para dar a luz un film impecable tanto en historia como visualmente. Además, el film contó con un gran nombre en el apartado interpretativo, Ivor Novello, quien era un gran nombre en los escenarios de la capital británica. El contar con una gran estrella, fue un arma de doble filo para el director, ya que aunque le daba publicidad a su film, no podía dar el trato que él quisiera al personaje del actor. Atención spoiler, el verdadero propósito de Hitchcock era dejar un final abierto, en el que la identidad del inquilino no quedara clara, nunca se sabría si era o no el asesino, pero por culpa de la fama del actor, tuvo que recurrir a uno de los temas más utilizados en su filmografía, y dejar al inquilino como el hombre inocente acusado de un crimen que no ha cometido. Aunque yo hubiera preferido su primer deseo, admito que la utilización del falso culpable hace que el público esté en tensión gran parte del metraje, fin del spoiler.

En la vida de Alfred Hitchcock, con actitud tímida, siempre sintió curiosidad por la sexualidad, en esta ocasión, ya muestra algunas señales en su film. Así vemos al protagonista casi tentado a irrumpir en el baño mientras la hija de los caseros está en la bañero. O introduce las esposas como objeto sexual, pudiendo ver al detective esposar a la hija en actitud juguetona, o en una escena final en la que el inquilino queda colgando por las esposas de un verja, indicando una actitud de sumisión frente a las masas. Todo esta idea de las esposas y la sumisión nace en una viaje del director al museo del Vicio de París.

Dentro de la etapa británica del director y a su vez dentro de las películas mudas que realizó, esta es, sin duda alguna, mi preferida, ya que, dentro de esta etapa muda, creo que es la única a la que se le puede atribuir el adjetivo hitchcockiana. La historia está contada de una forma formidable y además, fue la primera película en la que podemos ver el propio director realizando uno de sus muchos cameos, la persona que sale de espaldas en la foto de arriba es él.