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Ciclo ‘The thin man’: La cena de los acusados.

- Es la mejor cena que he oído nunca.

Ficha: La cena de los acusados

Para que esperar más. Una vez ya hechas las presentaciones vamos a zambullirnos en el mundo de “los acusados” con la primera película de la saga y gracias a la cual le debemos el resto de aventuras de Nick y Nora Charles. “La cena de los acusados” (The thin man, 1934) fue uno de los primeros casos en los que se mezclan géneros, a priori, tan poco compatibles. Los asesinatos y las películas whodunit (donde la trama gira en torno a descubrir al asesino) no aceptaban mucho humor. Y un matrimonio de fiesta en fiesta y de resaca en resaca, con mucha química e ingenio no encajaba en la escena de un crimen.

Gracias al libro de Dashiell Hammett pero sobre todo a van Dyke que quiso dar mucha más importancia a este matrimonio tenemos una película que conjuga géneros sin resbalar por ningún lado.

 

El inventor Wynant es un hombre bastante despistado que se deja desplumar por su exmujer y su antes secretaria ahora novia, suele desaparecer durante largas temporadas sin que nadie sepa dónde está, pero esta vez es distinto, ha prometido a su hija Dorothy (Maureen O’Sullivan) volver para su boda pero nadie sabe nada de su paradero. Dorothy coincide por casualidad con Nick Charles (William Powell), un antiguo detective, y le comenta su intranquilidad, pero él ya se ha retirado. Durante las fiestas navideñas, sus colegas policías le andan rondando con este caso y al final Charles acaba metido a pesar de sus reticencias iniciales.

Lo peor del film es lo mucho que tarda Nick en involucrarse más en el caso. Les echamos de menos en muchas escenas, pero como poco a poco irán ganando protagonismo, esta ansiedad irá desapareciendo. Por el contrario, lo mejor es sin duda el matrimonio, la química que desprenden no se puede explicar, pero de lo que sí podemos hablar es de esos diálogos, continuamente burlándose el uno del otro, de esos gestos de mofa y de esas miradas, la de Nora (Myrna Loy) con media sonrisa incluida o la de sorpresa de Nick ante cada sarcasmo de su mujer.

Hay que tener cuidado a la hora de ver el film, os recomiendo hacerlo con todos vuestros sentidos alerta, principalmente por dos razones. La primera es que la cantidad de personajes, ya sean sospechosos, policías o gente que Nick mandó a prisión pero que ahora son buenos amigos, es tan abrumadora que si te despistas un segundo puedes estar un buen rato intentando ubicar cada cara donde le corresponde. Y la segunda, dado el estado de embriaguez al que acostumbran a estar tanto Nick como Nora, hay que estar preparado para captar las ironías y frases con doble sentido que nunca sabes cuando pueden llegar. Perderte una sería un sacrilegio.

 

Lo que empezó siendo como una película de serie B, casi sin presupuesto ni tiempo para rodar acabó siendo un éxito que traería cinco secuelas bajo el brazo. En el cine actual, que algo así ocurra no es sinónimo de calidad (véase American Pie, A todo gas, Transporter y mil ejemplos más) pero si esto pasó en los años 30 fue por algo, porque verdaderamente merecía la pena.

P.D.: El hombre delgado (thin man) a quien se hace referencia en el título no es el personaje de William Powell sino el inventor desaparecido, aunque luego continuaran incluyendo thin man en los títulos del resto de la saga.