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Clasicosis


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Cine Clásico: 'Esplendor en la hierba', despertar a la vida adulta.

... aunque nada pueda hacer volver la hora

del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,

no debemos afligirnos, pues encontraremos

fuerza en el recuerdo...

Ficha: Esplendor en la hierba.

Elia Kazan fue uno de los últimos grandes nombres del Hollywood clásico. Como uno de los fundadores del Actor's Studio, siempre tuvo un ojo especial para elegir a los intérpretes de sus historias. Prueba de ello es el gran trabajo del desconocido protagonista de "Un Rostro en la multitud" o el Oscar que Eva Marie Saint se llevó en su debut en "La ley del silencio". Warren Beatty arranca su carrera cinematográfico en este título ya inolvidable.

"Esplendor en la hierba" (Splendor in the grass, 1961) debe su nombre al poema "Ode: Intimations of Inmortality" de William Wordsworth que se recita en el film y encabeza, como no podía ser de otra manera, esta entrada. Natalie Wood es la encargada de poner voz a estas palabras. La actriz en 1961 está ante uno de sus años más dulces, no sólo realizó ese film sino que también pasó a la historia como María en "West Side Story".

Bud (Warren Beatty) y Deanie (Natalie Wood) son dos adolescentes enamorados. La sociedad de un pequeño pueblo en 1928 no permitirá que los jóvenes den rienda suelta a sus instintos, algo así destrozaría la reputación de cualquier mujer decente. La diferente clase social e influencias que ambos reciben irremediablemente afectan a esta apasionada relación.

La etapa de paso de la adolescencia a la madurez es de por sí tremendamente rica. Esta cinta además añade mil ingredientes que la condimentan más allá del primer amor. Añade la ineludible influencia paterna. En el caso de Bud, su padre (Pat Hingle) tiene clarísimo cuál es su futuro y poco puede decir él al respecto. En el de Deanie, su madre ( Audrey Christie ) será su brújula moral y consiguiente opresora. Como la mayoría habremos experimentado en un momento u otro, la presión no es una buena educadora. El presionado puede acabar corriendo en la dirección opuesta a la que deseamos. Ginny (Barbara Loden), hermana de Bud, da perfecta muestra de ello. Una rebelde fuera control, sin amor propio y en una constante huida hacia el abismo. Si además situamos esta historia en 1928 sabemos que importantes acontecimientos históricos van a entrar en juego.

A pesar de todos estos componentes tan atractivos, la película no termina de cuajar y convertirse en un título que me emocione e involucre en su historia. No tiene una duración excesiva, sin embargo está narrada centrándose más en uno que en otro en ciertos minutos sin estar bien equilibrada. Cuando empezamos a entender y a meternos en la piel de uno de los personajes la trama pasa a centrarse más en el otro y cuando nos entreguemos volverá a pasar lo mismo. Hay personajes tremendamente atractivos, como esa errante Ginny, que pasa de ser un tornado a desaparecer de la historia. Por todos estos detalles, el guion de William Ingle se hará algo largo y pesado.

Kazan deja su sello en este melodrama en el estilo y estética. Se arriesga introduciendo múltiples referencias sexuales. Hay sexo (aunque la cámara no lo muestre), se habla de sexo y hasta se resopla por falta de sexo. También incluye el primer beso con lengua de la historia del cine. No podemos olvidar que estamos en 1961, un film centrado en una pareja adolescente y un tema tan tabú es una absoluta transgresión. Un granito de arena que ayudó a que el cine clásico fuese tocando a su fin.

Warren Beatty irrumpió en el cine con un personaje con aire de galán conquistador algo atormentado que le viene perfecto. No es un actor que me guste especialmente. Suele tener el mismo gesto y porte en todos los films suyos que he visto, pero aquí ese estilo es el adecuado para el hermano de Shirley MacLaine. A Natalie Wood, sin embargo, la hemos visto desde niña en pantalla. Con este film llega su consolidación como actriz con presencia y talento. Su personaje se mueve sobre una fina cuerda, cruza el límite en más de una ocasión y sin embargo la actuación de Wood a sus solo 23 años es de lo más sólida.

Aún reconociendo mi euforia contenida con esta cinta, es perfecta para cuando queremos un melodrama lleno de emociones. Una muestra de cómo al crecer hay que saber encajar los golpes. Unos lo harán mejor que otros. Y cómo no podemos controlar todos los aspectos de nuestra vida, siempre puede ocurrir algo que le dará la vuelta, agentes externos que nos trastocan.