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Cine clásico: ‘Una mujer para dos’ ¿es el equilibrio perfecto?

- Chicos, es lo único que podemos hacer. Vamos a olvidarnos del sexo.

Ficha: Una mujer para dos

Si algo podemos afirmar en torno a Lubitsch es que se hace grande cuando mete el dedo en la llaga. Su punto fuerte es el atacar a la alta sociedad, aunque también puede ser un genio dejando a los nazis en pañales o riéndose de los totalitarismos como el comunismo.

En “Una mujer para dos” (Design for living, 1933) Ernst Lubitsch se centra en lo ridículo que puede ser ver a dos hombres hechos y derechos intentando mantener su orgullo y dignidad mientras compiten por la misma mujer. Para esto, el director cuenta con uno de los mejores guionistas de la época, Ben Hetch, y un gran trío protagonista: Gary Cooper, Fredric March y Miriam Hopkins.

Tom Chambers (Fredric March) y George Curtis (Gary Cooper) son dos amigos que conocen a Gradys (Miriam Hopkins) en un tren a París. Ambos se enamoran de Gladys al instante pero como ella no es capaz de decidirse por uno empezarán a vivir los tres juntos una relación platónica. A partir de entonces ella será la musa de este dramaturgo y pintor ayudándoles a mejorar sus carreras.

La primera sorpresa con la que nos encontramos al ver esta película es la innumerable cantidad de indirectas sexuales que hay. Los primeros años del cine disfrutaron de una libertad que poco a poco se fue perdiendo por culpa de la presión que ejercía la censura. Afortunadamente este film se estrenó justo antes de que el código se endureciera y ahora ver una comedia así resulta de lo más refrescante. El gran acierto de Lubitsch y Ben Hetch es el sugerir en vez de mostrar. Resulta más estimulante y entretenido leer entre líneas que observar abiertamente el tipo de relación que se establece entre los protagonistas, además, siendo realistas, esto sería casi imposible. Que la censura fuera más leve no quiere decir que no exisistiera.

Pero el film va más allá de la curiosa situación de vivir en un casto ménage à trois. Por eso el director cuenta con tres de los mejores actores de su época. Fredric March ya había trabajado con Hopkinks en ‘El hombre y el monstruo’. Hopkins y Cooper ya habían trabajado con Lubitsch con anterioridad aunque por separado. Esa química y la falta de prejuicios a la hora de abordar el tema es la mejor manera de que el film no resulte una simple situación extravagante sin el más mínimo sentido.

Recuerdo que una noche me senté a ver una película de Lubitsch, así, sin más pretensiones que las de pasar un buen rato. La sorpresa fue tal que automáticamente se convirtió en una de mis cintas favoritas del director alemán. Es todo un regalo para todos los que nos gustan las comedias donde la parte romántica es completamente distinta a todo lo visto antes.