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Cine Clásico: 'Los pecados de Teodora' cruzan el límite.

 

- La verdad es que me pregunto de dónde ha salido Caroline Adams. ¿Cómo empezó todo ésto?

Ficha: Los pecados de Teodora.

Hace tiempo que no hablábamos de un género que los amantes del cine clásico solemos adorar. Las screwballs, al igual que el cine negro o el western, disfrutaron de su mejor momento en estos años. Gracias a ésto en esos años se produjeron infinidad de películas del género y obviamente no todas son obras maestras o siguen siendo recordadas. “Los pecados de Teodora” (Theodora goes wild, 1936) encaja a la perfección en este grupo.

A Irene Dunne ya la hemos reivindicado en más de una ocasión ya que sus fantásticas dotes para la actuación y su olvido actual lo merece. En el campo de la comedia la tenemos principalmente unida a Cary Grant por títulos como "La pícara puritana" (The awful truth, 1937). Ya lo comentamos en esa ocasión y aquí lo podemos repetir, Dunne no tiene problemas en comerse a su compañero en pantalla y ser el centro absoluto de la película.

 

Theodora Lynn (Irene Dunne) vive en un pequeño y puritano pueblo que está escandalizado por la publicación del libro “El pecador”, lo que no saben en Lynnfield es que ella es su autora. En un viaje a Nueva York conocerá al dibujante de sus portadas. Michael Grant (Melvyn Douglas) aparecerá en su casa dispuesto a reírse de la situación y burlarse de ella a cambio de no confesar su secreto.

El film consigue una primera mitad bastante divertida y con una buena química entre los protagonistas. Sin embargo, un giro en la trama hace que se convierta en una de esas comedias donde el protagonista decide darse a la locura y transgredir límites una y otra vez. Personalmente estos momentos me resultan algo repetitivos y cargantes, especialmente cuando se mantienen demasiados minutos. Casos similares se pueden encontrar en títulos como “Mi marido está loco” (Love Crazy, 1941) o “Al servicio de las damas” (My man Godfrey, 1936) aunque en ambos casos la calidad del film está por encima de ésta.

Melvyn Douglas, el eterno partenaire de Greta Garbo en “Ninotchka”, no es un actor al que aprecie demasiado. Puede estar creíble en un papel pero siempre nos quedará la duda de que cualquier otro podría haber aportado más al film. Esta sensación se agudiza cuando tiene a una magnífica actriz que se mueve como pez en el agua en estos ambientes. Dunne tiene una maravillosa habilidad para, a pesar de tanto disparate, crear a una mujer real y transmitir muchísima información sobre el personaje a través de su comunicación no verbal. Y por su puesto, aprovechando su voz, el film le deja lucirse cantando en un par de escenas. Entre los muchos habitantes del pueblo encontramos muchas caras conocidas como Thomas Mitchell, Rosalind Keith o Margaret McWade .

 

Richard Boleslawski dirige sin presentar un toque propio pero con soltura. La película aporta un entretenimiento sencillo y sin muchas pretensiones. Perfecta para completar la filmografía de Irene Dunne o para amenizarnos una tarde cualquiera. Ese tipo de cine tan necesario ahora que viene el frío y el plan “sofá, manta y peli” se convierte en uno de los mayores placeres.