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Cine clásico: ‘Pero… ¿quién mató a Harry?’ no es lo importante.

Me da igual lo que hagan con él siempre y cuando no le devuelvan la vida.

Ficha: Pero... ¿quién mató a Harry?

Que Hitchcock era un genio lo sabe todo el mundo y que se pasó su carrera arriesgando también, para muestra un botón. Soy consciente de que realizó muchísimas obras maestras de las que aún no he hablado, pero hoy traigo una de mis debilidades, “Pero… ¿quién mató a Harry?” (The trouble with Harry, 1955).

Aún no he hablado de muchas actrices que me encantan, pero con esta entrada voy a saldar una de mis cuentas pendientes ya que con este film realiza su debut en la gran pantalla una tal Shirley MacLaine, cuyo personaje en esta película rompe con el estilo de mujer hitchcockiana al que estábamos acostumbrados.

 

En medio de un bosque de Vermont aparece un cadáver, un niño lo descubre pero a su madre no parece importarle mucho. Un anciano cazador cree que él le ha matado por accidente. Una solterona está más interesada en entablar una relación con este cazador que en destapar el crimen. Y un pintor que no vende ni un cuadro está más interesado en la madre del niño que en delatar a nadie. Con esta premisa tenemos una hora y media de comedia negra, negrísima, con un humor ácido pero con un fondo muy bonachón.

A Harry le entierran y desentierran, le trasladan, le roban, chocan contra él, le hablan, le envidian pero a pocos parece preocuparle qué ha pasado con él y quién le ha matado. Y eso es exactamente lo mismo que nos pasa a nosotros, que aunque nos puede picar algo la curiosidad lo cierto es que si no nos llegáramos a enterar nunca nos daría igual porque lo que nos interesa es el buen rato que estamos pasando.

A los cuatro personajes principales se les coge cariño enseguida, de hecho no soy la única que lo piensa, el propio Sam dice “todos somos encantadores, no entiendo cómo alguien puede no querernos”. El Capitán Wiles (Edmund Gwenn) es un anciano atormentado con la idea de poder haber matado a alguien o de ir a la cárcel, sus agobios y su intento de conquista de la solterona del pueblo, la señora Gravely (Mildred Natwick), hacen que le cojas cariño al primer minuto. Y las conversaciones entre Jennifer Rogers (Shirley MacLaine) y Sam Marlowe (John Forsythe) son bastante dispersas y algo picantes, y si el niño anda cerca se convierten en surrealistas, pero sin duda yo me quedo con las del capitán y el pintor, una pareja muy peculiar que encaja perfectamente.

 

En Estados Unidos la película fue un fracaso, allí no estaban acostumbrados a reírse de la muerte, o más bien, con la muerte, pero en Inglaterra, Francia y otros países europeos el film tuvo una buena acogida. Pero si algo le debemos Harry es el comienzo de una gran relación, la de Hitchcock con el compositor Bernard Herrmann, de quien hablamos hace poco, que aunque luego trabajara en muchos de los grandes títulos del director, hay que reconocer que le coge el tono al ritmo de la película desde el principio, esa música de oboes e instrumentos de viento cada vez que Harry está cerca es un gag más.

Yo ya he visto esta película unas seis o siete veces desde que la descubrí con quince años, y posiblemente la volveré a ver otras tantas veces. Es una obra pequeña de un gran director, pero que a mí me tiene ganada desde que la descubrí. La única pega que le pongo es que no se explote más a la novata Shirley MacLaine, la pantalla la pide a gritos.

P.D.: ¿Será el pequeño Arnie uno de los culpables de la famosa frase de Hitchcock de no trabajar ni con animales ni con niños?